Inicio EDITORIAL Amaury Reyna L. La contaminación sónica: un enemigo silencioso de la salud en Nagua

La contaminación sónica: un enemigo silencioso de la salud en Nagua

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En reiteradas ocasiones hemos visto como especialistas en la materia, han señalado que la contaminación sónica es un enemigo silencioso que afecta gravemente la salud de los seres humanos y por consiguiente, de los territorios en la que esta se pone en práctica, sobre todo sin control de las autoridades, realidad de la que Nagua no escapa.

Y es que, luego de haberse inaugurado el Corredor Fotográfico Tatito Henríquez, en la salida Nagua-Cabrera, al parecer lo que se produce allí pasó no solo a ser un espacio en el que la libertad se ha convertido en puro libertinaje, sino que toda actividad realizada se produce sin control alguno por quienes están llamados a garantizar el orden y salvaguardar la tranquilidad de nuestras comunidades y su gente.

Desde vehículos sobre las aceras que fueron construidas con los dineros que el propio peatón paga para poder hacer uso de ellas, consumo de alcohol sin control, sumado a ello la música tocada a los más altos decibeles que pudiera usted imaginar, más no soportar, es el diario vivir de un espacio que fuera creado para recibir a quienes Nagua visitan y para el disfrute de la familia que allí en tranquilidad asistir no puede.

¿Oponernos a que su música pueda ser tocada? ¡Jamás! Lo que sí creemos es que es importante comprender que el sonido se convierte en ruido cuando sobrepasa los 55 decibeles o toma una intensidad que no es tolerada por los órganos sensoriales y que obliga a que quienes allí se encuentran tengan que hacer uso de dispositivos en sus oídos para poder soportar permanecer cerca, y ni hablar de las vicisitudes que pasa quienes vivimos en las cercanías de los espacios como este que han sido habilitados con niveles de tolerancia cero.

Desde Naguero.com queremos hacer un llamado a quienes gustan de estas prácticas e invitarlos a reflexionar… Hacer conciencia de sus acciones ya que son perjudiciales no solo para el que hace el daño sino también para su entorno.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha indicado en estudios realizados que el límite superior de acústica al aire libre es de 55 decibeles; pero ha reconocido que en ciudades muy pobladas y propensas a estas prácticas los niveles oscilan entre 70 y 99 decibeles; en Nagua, ya lo hemos medido algunos días y han sobrepasado estos números.

¡Reflexionemos pues, antes de que sea muy tarde!